Cuando terminé mi Licenciatura en Educación Física y Deportes, jamás imaginé que mi camino profesional me llevaría al mundo de la tecnología. Durante mis primeros años trabajando en el ámbito deportivo, disfrutaba motivando a las personas, diseñando entrenamientos y viendo cómo cada esfuerzo se traducía en resultados tangibles. Sin embargo, había algo que siempre me intrigaba: cómo organizar procesos, analizar resultados y buscar mejoras constantes más allá del deporte.
Recuerdo que uno de los momentos que cambió mi perspectiva fue mientras coordinaba un grupo de entrenamiento personalizado. Tenía que gestionar horarios, registrar progresos y asegurar que cada persona alcanzara sus objetivos. Me di cuenta de que mucho de lo que hacía se parecía a lo que hoy hacen los Project Managers y Testers QA: planificación, seguimiento, resolución de problemas y control de calidad. Fue entonces cuando pensé: “Quizá podría aplicar estas habilidades en algo más grande, en un entorno digital”.
Decidí dar el salto y aprender sobre gestión de proyectos y pruebas de software. Al principio, fue un desafío. Había términos, herramientas y metodologías completamente nuevas para mí, y muchas veces sentí que estaba empezando desde cero. Pero poco a poco descubrí que mis años en educación física me habían dado una base sólida: disciplina, paciencia, resiliencia y, sobre todo, la capacidad de trabajar en equipo y motivar a otros.
Uno de mis primeros proyectos como Project Manager fue coordinar un pequeño equipo para implementar un sistema digital. Me enfrenté a problemas inesperados, errores en los procesos y conflictos de comunicación, pero cada obstáculo me enseñó algo nuevo. Aprendí a documentar correctamente los casos de prueba, a organizar prioridades y a comunicarme de manera efectiva con desarrolladores y stakeholders. Fue un proceso de aprendizaje constante, y ver el proyecto completado con éxito fue increíblemente gratificante.
Hoy, como Project Manager y Tester QA, aplico todo lo que he aprendido en cada proyecto. La planificación, la evaluación de resultados y la mejora continua que practicaba en deportes ahora forman parte de mi trabajo diario en tecnología. Cada proyecto es un reto, pero también una oportunidad de aprender, crecer y aportar valor.
Mi consejo para quienes están pensando en reinventarse es claro: no subestimen sus habilidades previas, aunque parezcan de otra área. Todo lo que han aprendido hasta ahora puede ser útil en un nuevo camino. La clave está en aprender, adaptarse y atreverse a dar el primer paso. Reinventarse no es fácil, pero cada esfuerzo vale la pena.
Si algo quiero que quede claro con mi historia es que no hay un único camino hacia el éxito profesional. A veces, el viaje más inesperado puede llevarnos a descubrir nuestras fortalezas más grandes y a abrir puertas que nunca imaginamos.





